domingo, 14 de julio de 2013

FELICIDAD Y COMPETENCIA CIENTÍFICA


Vivimos en una sociedad dependiente de la ciencia y la tecnología y sin embargo ¿está la sociedad alfabetizada científicamente lo suficiente? ¿o hay un amplio sector de la población con carencias en la formación científica?

 

La introducción del término competencia en la LOE como “aquellos aprendizajes que se consideran imprescindibles, desde un planteamiento integrador, y orientado a la aplicación de los saberes adquiridos”, persigue formar ciudadanos más competentes, mejor formados y capaces de aplicar los conocimientos adquiridos en situaciones futuras de la vida real.


 

Considerando que, algunos aspectos de la adquisición de la competencia científica deberían ser, entre otros:

 

a)     Hacer un uso responsable de los recursos naturales

b)     Cuidar el medio ambiente.

c)      Hacer un consumo racional y responsable de los recursos naturales.

d)     Proteger la salud individual y colectiva como elementos clave de la calidad de vida en las personas.

 

 
¿Ha mejorado la LOE (2006) la competencia científica y tenemos personas que cuidan el medio ambiente, hacen un uso responsable y consumen de modo racional los recursos naturales y ponen en práctica hábitos saludables para su salud y para la colectividad?. Es una pregunta a la que deberíamos dar respuesta. Si la respuesta fuese positiva encontraríamos una sociedad más equilibrada, justa y con valores morales.
 



 

Pero ¿qué pasa con la población que cursó otros modelos educativos?. Son más competentes científicamente los alumnos que han cursado la LOE que los alumnos de otros sistemas educativos anteriores. ¿Depende del tramo de edad en que nos situemos? ¿Del status socio-económico?.¿Del sexo?



¿Qué se considera tener una competencia científica aceptable? ¿podemos fijar una serie de parámetros básicos? ¿Tenemos que hablar de cultura científica o de competencia científica?. ¿Cómo comprobamos el nivel de competencia científica de la población?.

 


Todas estas interrogantes deberán ser respondidas con los estudios pertinentes para comprobar si estamos haciendo bien las cosas o debemos de modificar los currículos y metodologías de la enseñanza, al tiempo que nos debemos plantear como seguir desarrollando el aprendizaje de las competencias una vez que finaliza la educación obligatoria o post-obligatoria.